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Anodino

Se va. Todo desaparece, siento un fundido en negro a todo mi alrededor.

Un corazón excesivamente grande. Unas paredes que no soportan la presión. Una ventanas cegadas desde dentro. Mecanismos atrofiados que saltan y se parten en pedazos antes de lo debido. Y eso sólo lo tangible. Lo físico.

Rechazo, culpa, distancia, sufrimiento, egoismo, impaciencia, llanto, dolor, vacío y más culpa.

No queda ya nada de mí. He quedado limpio, tanto que no queda ni la carcasa. Ha sido completamente corroida.

Todo se acelera y se detiene a la vez.

¿Descubrirán todas mis mentiras?¿Y con ellas, toda mi verdad?

No importa. No debería importarme, sin embargo, les haré daño incluso muerto. Tal vez, más por omisión que por la verdad propiamente dicha. Pero aún así soy capaz de hacer daño hasta una vez pasado el límite.

El calor abrasador deja paso a la sensación de levitación. Una sensación de estar en una nube y de ser parte de ella.

Es un alivio partir. Incluso si el viaje acaba sólo con empezar. Es un alivio acabar con todo de una vez. Tumbado, exhalando el último aliento ya no soy cobarde, lo que me convierte en el más cobarde de todos. Sonrío. Soy tan cobarde que me siento aliviado por no tener que seguir enfrentándome a todo lo que perturba y aterra... perturbaba y aterraba...

¿Ser libre de cobardía es ser feliz?¿O también es requisito estar muriendo para que la ecuación sea realmente válida?

Y justo cuando todo es paz, calma, frescor, una idea en mi cerebro se aclara. La idea con la que me voy. La idea con la que escribir mi epitafio.

"Una existencia anodina no acaba, pues, en realidad, nunca comenzó..."

Así que no tiene sentido ni siquiera decir adiós.


Gravitación Universal

Imaginemos un papel arrugado. Gigante. De dimensiones descomunales. Y nosotros puestos encima tan tan tan ridículamente pequeños que no tenemos la posibilidad de apreciar esa rugosidad.
Aún así, no somos capaces de escapar de ella y lo queramos o no, siempre estamos en movimiento hacia algún lugar donde la inclinación de nuestra "arruga" nos lleve. Como un tobogán.
¿Qué margen de decisión nos deja esa situación?
Casi ninguna. Ante tan colosal juego infantil, no podemos hacer más que dejarnos llevar o intentar frenar la bajada. O tal vez haya alguna otra posibilidad...
Siendo un recorrido tan largo el que estamos realizando, y visto que la inclinación del mismo no lo podemos controlar nosotros... Qué ocurre con la dirección y el sentido de ese recorrido? Yo puedo inclinarme hacia un lado y cambiar ligeramente el rumbo. O puedo inclinarme con más ganas y cambiarlo más pronunciadamente. O puedo estarme quieto y dejar que el sentido actual sea el correcto.
También puedo quejarme por el sentido actual, o por tener que esforzarme en inclinarme.
Hay tantas decisiones que uno puede tomar. incluso uno puede tomar la decisión de no estar de acuerdo con sus propias decisiones.
¿Qué puede ocurrir si nos da por inclinarnos?
Pues no lo sé. Ni tú tampoco. Ni el otro tampoco. Puedes colisionar con otras personas. Puedes interaccionar amablemente en ese descenso con esas personas, intentar cooperar para poner un rumbo similar, intentar arrollarlos para poder seguir tu camino sin molestas molestias, dejarlos pasar sin que se percaten que podían haber interactuado. Las combinaciones pueden ser muchas y cada una de ellas puede llevar a muchas nuevas preguntas y repuestas.
También puede ser que mientra cambiamos de rumbo lleguemos a un cambio de rasante y entremos en un plano nuevo con una nueva inclinación y una nueva perspectiva completamente distinta de lo que era nuestra primera parte del viaje.
Y tal vez, quien sabe, comprender que acabamos de cambiar de zona arrugada y ser capaces de ver el papel, sino completo, al menos una porción. Para comprender que somos pequeños puntos diminutos que siguen las normas de la gravedad, pero que esa misma gravedad tiene sus propias reglas que se pueden incumplir... O que parezca que las incumplimos mientras buscamos nuestra arruga definitiva.
Puede que una vez lleguemos al fin de ese descenso, nadie nos recuerde o puede que todos aquellos que han interactuado con nosotros sí lo hagan, de una forma u otra. Puede que al final nos encontremos todos en la intersección de las arrugas o puede que rearruguen el papel y nunca dejemos de descender (lo que tarde o temprano se ha de confundir con ascender.... creo...). No lo sé. No tengo respuestas.
Lo único que sé es que un tobogán puede ser muy divertido si todo lo usamos para un mismo fin. Ser felices... ^_^
¡¡Feliz Gravedad Universal a todos!! 

Cuento de Navidad

Hace 4 días que nos despedimos de mi Padre. El hombre de la eterna sonrisa, la eterna mala leche, el del abrazo de oso, el severo, el sensible y el dulce. El que me despertaba por las mañanas y me tenía el desayuno preparado y la maleta lista para ir al cole, cuando iba al cole. El que fregaba los platos de aquella extraña forma antes de ponernos en marcha cada día. El que siempre tenía una palabara cariñosa con Papá cuando despertaba desgarbado (esa palabra se la decía muy a menudo… y se reían… nunca pregunté, pero imagino que era una broma interna entre ellos…). El que tenía lista la ropa de de Papá cada mañana del mundo y el que me miraba mal cuando yo no tenía lista la mía, aunque ya tuviera 25 años y no me dijera nada y simplemente me clavara la vista con aquella contundencia. El que nos protegía y cuidaba y mimaba.
Hace 6 días nos despertamos y no había nadie haciendo el desayuno. Papá me miró extrañado cuando entró en la cocina y me vió allí solo. Y en un horrible instante, al darnos cuenta de lo que fallaba en esa escena, sin mediar palabra salimos en su búsqueda.
No tardamos mucho en encontrarlo tirado en el suelo del salón, cuan grande era, en una posición sumamente complicada, con Kira, nuestra golden, acurrucada a su lado, acariciándole la barriga con el morro como suplicándole que despertara… Pues parecía que estaba dormido… Su cara redonda se dibujaba una especie de mueca de dolor con algo parecido a la felicidad, parecía que estuviera soñando con algo agridulce.
Papá se acercó muy lentamente y literalmente se dejó caer de rodillas con los brazos a los lados del cuerpo, como muertos. Kira se dividió entre la barriga de mi Padre y la mano derecha de Papá. Consolándolos a los dos. Mientras unas silenciosas lágrimas rodaban por la cara de ambos. Y muy despacito, Papá cogió la mano de mi Padre y se la acercó a la cicatriz de infancia de su propia mejilla, como siempre había ocurrido desde que tengo uso de razón e intuyo que mucho antes también. Mi Padre siempre agarraba con sus rechochas manazas la carita de Papá y le pasaba el pulgar por encima de la curva que tenía en el pómulo, sólo para preparar la zona para el beso delicado que siempre le depositaba, como si fuera algo mágico, como si fuera un ritual divino, pues la cara de ambos en ese instante siempre era de pura felicidad, de puro amor, de pura paz. Pero esa vez ni el pulgar se movió y hubo beso, ni paz, ni felicidad. Y el sollozo de Papá me hizo despertar de mi letargo y darme cuenta que mi Padre estaba en el suelo, sin moverse, sin respirar. Mi Padre estaba muerto.
Llevo 6 días desayunando zumo de brick y unas tostadas.
Menudo asco de desayuno.
Pero el desayuno de hoy es aún más asqueroso, porque hoy es 24 de diciembre.
Mi Padre siempre nos despertaba el 24 con una sonrisa espectacular en su cara, nos desperezaba, nos obligaba a ducharnos y ponernos guapos para ir a desayunar los mejores churros con chocolate del lugar, como para preparar el estómago para el desfile grasas de los próximos días. Y era algo que, en realidad, Papá y yo esperábamos todo el año. Esperábamos todo el año a ver esa cara, porque siempre tenía una sonrisa para nosotros, sin embargo cuando nos despertaba el 24 de diciembre lo que se leía en su rostro no se puede describir con palabras, porque la felicidad pura no se puede ser descrita. No hay nada que explique lo que irradiaba ese hombre al ir de la mano de su marido paseando por la calle mientras su hijo caminaba junto a ellos y no podía evitar sonreir al reconocer el amor y verse obligado a detener el avance para darles un par de besos y un abrazo gigante y Kira saltaba y labradaba a nuestro alrededor de puro contento. No hay palabra suficientes para describir eso.
Eso que ya no volvería a ocurrir nunca más.
Y en ese segundo de claridad, no me he podido contener. He empezado a llorar como un bebé, esperando que en cualquier momento entrara por la puerta con sus tejanos y su camisa blanca marcando esa curva de la felicidad que tanto me gustaba abrazar de pequeño y me cogiera mi cara con sus manos me diera en beso cerca de la oreja, de los trompeteros, de los que te dejan sordo y me abrazara fuerte, muy fuerte, como él siempre me había abrazado y me consolara y me dijera que no pasaba nada, que todo iba a ir bien.
Entonces, como por arte de magia, una manos cálidas y temblorosas, muy temblorosas, me han cogido la cara, me han levantado el mentón y Papá me ha dado el beso y el abrazo que buscaba, un beso más dulce, porque Papá es menos bruto que mi Padre y un abrazo que no me va a partir las costillas, porque Papá es menos animal que mi Padre, pero aún así, el amor con el que me ha besado y abrazazo ha compensado de sobra lo que me faltaba en ese momento. Y lo único que he podido hacer es llorar envuelto en sus brazos, mientras sentía como su pecho saltaba con sus propios sollozas apagados. Intentando decirme que no pasa nada, que todo va a ir bien. Aún sin ese mastodonte con su gran y redonda barrigota ni esa cara barbuda y sonriente y rondando por la casa, todo va a ir bien. Eso ha intentado que nos creyéramos Papá… Y entonces he tenido que reprimir un pensamiento, porque realmente no creo que hubiera podido sobrellevarlo: quien abraza y besa a Papá para consolarlo?
Y entonces han empezado a pasar csas que han quitado de mi mente esa terrible pregunta.
Papá me ha cogido de la mano y me ha llevado al salón. Hacía 6 días que el árbol de Navidad había desaparecido de la esquina de la sala. Papá no podía soportar verlo ni un segundo más allí. Y sin embargo, allí estaba otra vez. Con su espumillón, sus bolas de cristal, sus estrellas, su nieve en las ramas, los regalos en la base… todo, excepto la estrella dorada para coronar el árbol. La estrella que durante tantos años mi Padre me había dado y subido a hombros para yo la colocara mientras Papá nos hacía la foto finish de rigor. La misma estrella que ahora estaba en la mesita de centro. Y Papá, sin mediar palabra, la ha alcanzado y me la ha dado para que pudiera devolverla a su lugar. Donde mi Padre la había deajdo hacía ya casi 3 semanas.
Me he acercado al árbol, con la imagen de la mano regordeta y peluda de mi Padre acompañando una manita regordeta también, pero muy muy muy pequeña a comparación, que era la mía y devolví la estrella dorada a su legítimo lugar. Coronando nuestro árbol de Navidad.
Ni Papá ni yo hemos podido dejar de llorar. Ha sido algo incontrolable. Nos faltaba una parte que jamás íbamos a poder recuparar y 6 días después de perderla yo he sido más consciente de eso que de ninguna otra cosa en mi vida. Así que parecía que el llanto era la única salida.
En ese momento, ví un sobre abierto en la mesita de centro, donde antes había estado la estrella dorada de la Navidad y pidiendo permiso a Papá solo con la mirada, ya que no podía emitir sonido alguno, la cogí y leí lo que era una nota escrita con la cuidada y redondeada letra de mi Padre:
“Liber, mi vida, mi Peque, mi amor. Me he ido. Lo sabíamos desde siempre, así que no pasa nada, me he ido y no hay nada que hacer a ese respecto. No le des más vueltas, mi Todo.
Sobran las palabras, pero quiero que sepas que me lo llevo todo conmigo, todo lo que me has dado, una familia, un hogar, una historia que contar con orgullo, y todo el amor que lguien puede ser capaz de experimentar. Eres un hombre tremendamente cabezón, pero eres el hombre más dulce que jamás haya existido. Y has querido ser el mío, Mi Hombre. Gracias, mi tesoro, gracias por estar conmigo toda una vida. Gracias por regalarme todo lo que deseaba, gracias por regalarme Mi Cuento…
Te amo. Y no lo escribo ni en pasado ni en futuro, porque lo sigo haciendo como lo he hecho siempre, en cada instante desde que te besé por primera vez. Te amo. Y eso no va cambiar pase lo que pase. Haya pasado lo que haya pasado…
No voy a decirte lo que tienes que hacer a partir de ahora. Ya sabes lo que te he dicho siempre. Pero te voy a pedir únicamente dos cosas. 
Cuída de los tres, de mi familia a la que amo más que a nada, porque no hay nada más importante para mí que mi marido, mi hijo y esa jodida chucha que nos vuelve locos a todos pero nos cuida como nadie. No hay nada más valioso que tú y Eduard y Kira. Así que cuida de los tres por mí, yo sólo podré ya velar por vosotros, pero no os podré hacer el desayuno.
Mi vida, cuida de mi familia por mí.
Y la otra cosa que te quiero pedir es una trampa… lo sé… pero no puedo evitarlo… Hace días que sé lo que va a ocurrir, lo noto, mi corazón me lo estaba advertido, y como no podía ser de otra forma, tenía que ser en estas fechas. Unas fechas tan importantes para mí y tan poco esperadas por ti. Pero aún así, te pido que cuando leas esto, vuelvas a poner el árbol. Sé que lo habrás hecho desaparecer en el acto. Pero cuando encuentres esta carta y la leas vuelve a ponerlo, por favor, y deja que nuestro hijo vuelva a colocar la Estrella de la Navidad en su lugar como siempre hizo de pequeño.
Hazlo por mí. Soy egoista y mucho al pedirte esto. Pero quiero que la Navidad no se vaya nunca de esa casa, no me dejes desaparecer de esa casa. 
Os amo. 
Y cuando nuestro hijo lea esto…
…quiero que sepas que mi marido me devolvió a la vida, pero tú me diste una nueva llena de cosas por vivir. He intentado que fuera así para ambos, no siempre lo habré conseguido, pero creeme cuando te digo que lo he intentado con todas mis fuerzas. Y sea méridto de quien sea, te has convertido en un gran hombre, una gran persona y estoy más que orgulloso de haber sido tu padre. ¡MUY Orgulloso!
No estés triste, pequeño. Todo va a ir bien, no pasa nada. Es el ciclo de la vida mi niño. Estaré ahí vigilando y velando por tu felicidad, pero debes buscarla y no dejar nunca de hacerlo!
Te amo hijo mío! ^_^
Sabed una cosa muy importante: nunca estaré solo allá donde vaya, porque os llevo en mi corazón. Esté donde esté siempre podré sonreir al recordar que sois mi familia. Lo mejor que le podía haber pasado a nadie, sin ninguna duda. Mi Familia… 
¡Feliz Navidad, a los tres!”

 8 Navidades después…

Hoy 24 de diciembre, 8 años después de despedirnos de ti, Papá ha subido a mi hijo, que por supuesto se llama Joan, a hombros para colocar la Estrella de la Navidad en el lugar que le corresponde, a tu lado, en lo más alto del árbol.
Hoy te echamos de menos, como siempre.
Allí donde estés cuídanos.
Mil besos y un gigantesco abrazo, Abuelo… ^_^

Dibujar en un trozo de papel

Sentado en una cafetería cualquiera. Tomando una infusión. Solo. Cavilando.
Sé que tengo un lápiz en mi maleta y un bloc de notas. Siempre lo llevo para apuntar cosas. Chorradas, la mayoría de veces. Dibujitos cuando me aburro en alguna reunión. La lista de la compra y esas cosas. Pero hoy no, hoy estoy dispuesto a escribir 4 frases que van a determinar el nuevo rumbo en mi vida, así que los desenfundo como un cowboy dispuesto a disparar.
Estoy tan vivo, tan lleno de sensaciones especiales por sacar y disfrutar que tengo que exteriorizarlas.
Algo trascendental me ocurre, lo sé porque sólo me pongo así de intenso cuando me pasan esas cosas que te vuelven una persona preclara, con metas en tu vida, todas ellas más que al alcance de tu mano, aunque estén a parsecs de aquí. O incluso a eones...
Ya estoy ordenando todas esos pensamientos.
Todo empieza con una nueva luz al final de un largo camino. Todo me lleva a pensarme a mí mismo como la mejor versión posible de mí, con superpoderes incluidos. Los que tengo y los que voy a conseguir, por supuesto.
El camino está lleno de dificultades que voy a sortear, porque todas las cosas en mi vida van a empezar a girar en la dirección correcta, sin lugar a dudas.
Mientras lo voy andando en mi cabeza, ese camino se hace más amplio, y más lleno de cosas que me hacen seguir avanzando, porque todas ellas son lo que quiero y necesito para ser quien debo ser.
Me siento bien conmigo mismo, estoy emocionado con el giro inesperado que va a tomar mi vida y lo lógico de toda esta progresión geométrica de mí mismo y ahora que lo veo claro apunto mi lápiz al bloc para empezar a escrib...
En ese momento, mis ojos observan que mi mano ya ha hecho todo el trabajo en el centro de la página abierta del bloc, mientras mi mente creía que era ella quien dominaba la situación...
Dejo el lápiz al lado del bloc, casi con reverentemente, y una inmensa sonrisa me ilumina la cara mientras observo el giro ineperado que acaba de dar mi vida. Me siento vivo. Estoy bien. Sonrío.
Me acabo mi infusión y me levanto de la silla para irme a casa.
Cojo el teléfono y abro el "wassá" y para escribir un mensaje, el que de verdad quería escribir:
    "Mensaje a ignorar según lo leas... Échote de menos..."
Y acto seguido envío un par de emoticonos:
    "Una sonrisa y una rosa"
Guardo el móvil.
Estoy deseoso de recibir un sencillo "jijiji" por respuesta. Por que sé perfectamente que no voy a recibir otra cosa. Y no me importa. Lo más mínimo. Me parecerá realmente perfecto. Lo sé.
Estoy sonriendo por la calle y camino con toda la fuerza que me da esa página en mi bloc. Que no es poca.
Camino casi saltando con la alegría que me da esa espera tonta de una respuesta tan sencilla.
Suena el aviso de un mensaje. Mi cara estalla de felicidad.
Hoy ha merecido la pena, ha sido un buen día. (Tal vez debería cambiar mi estado en el wassá...)
^_^

Modo Randall F.


Randall
El corazón. Ese órgano al que nos referimos cuando queremos relacionar lo que sentimos con nuestro organismo. Imagino que porque se acelera al sentir miedo, pasión, angustia, deseo, ira, satisfacción y un larguísimo etcétera de emociones.
El lugar donde señalamos en nuestro pecho (en realidad está más a la izquierda), como si allí se guardara algo más que músculo y fluidos. Como si realmente el amor estuviera ahí encapsulado. Como si el odio estuviera en un baúl de proporciones ridículas en comparación a su auténtica magnitud.
¿Qué ocurre si el pulso ni se inmuta cuando ves a alguien morir a tus pies? ¿Ese corazón, dónde está? ¿Sigue en el pecho o emigra a nuevas zonas del cuerpo? ¿Dónde debo señalarme cuando no siento lo más mínimo frente a una muestra de cariño, ni siquiera cuando es hacia mí?
Y la pregunta de dónde debo señalar es mucho más sincera de lo que nadie se puede imaginar. Me gustaría saberlo. Ya que a veces creo que debajo del pulmón izquierdo tengo un hueco vacío. Ni un nudo, ni un dolor, ni una tristeza. Nada. Vacío.
Y si está vacío. Qué significado puede tener para mí tener sentimientos. Si no puedo ni colocarlos, ni clasificarlos, ni desarrollarlos ni mucho menos demostrarlos.
Apatía. Durante mucho tiempo también pensé que ese era mi estado natural. La apatía. Pero eso tampoco es cierto. No siento nada en absoluto ni por mis congéneres ni por mi entorno, pero eso no hace que no sea de pensamiento activo ni que no desee saber el porqué ni que no quiera hacer cosas por descubrir qué significa esto que no siento dentro. Experimentar con las personas de mi alrededor, a veces, casi consigue que mi sonrisa sea sincera, como si de una emoción se tratara. Luego descubro que corroborar la vacuidad ajena sólo acentúa la mía y comprendo que mi sonrisa de debe a un acto reflejo para aparentar satisfacción ante la confirmación de una hipótesis. Nada más.
Y ahí es donde hay 2 conceptos que vuelven a hacerme pensar que realmente no formo parte de esta especie. Lo que es bueno y lo que es malo. Cómo distinguir una cosa de otra si ninguna de las 2 me provoca la más mínima sensación de realidad. Si cuando las cosas buenas para unos son las malas para otros. Y viceversa. ¿Quién tiene razón? ¿Nadie? ¿Todos?
Derechos humanos. Derechos animales. Ecología. Y sin embargo la evolución está repleta de casos de destrucción sin explicación. De desapariciones indiscriminadasce. De supervivencia, depredación y extinción. Sin que la naturaleza opine sobre si eso es o no correcto. ¿Realmente la comunicación nos da tantos derechos como para proclamarnos dictaminadores del bien y el mal?
¿Y si podemos experimentar con seres pluricelulares en pro de la ciencia, porqué no puedo hacer lo mismo con los humanos circundantes? ¿Qué les diferencia de los monos? ¿La comunicación? Para que haya comunicación debe haber un emisor y un receptor. Según mis observaciones, los receptores ya se han extinguido. Así que los emisores deben ser los siguientes.
Como he oido decir en algún sitio: “Todo lo que tiene un principio, tiene un final”. Seguramente la frase tenía otro sentido, sin embargo no me parece relevante, pues las palabras fuera de contexto nunca lo són.
************
Dejó caer el frasco en medio de la plaza.
En la etiqueta se podía leer una referencia a un virus de la gripe.
Flagg


Abrazo

Saltamos por las rocas del espigón y nos sentamos.
Me descalcé. Era invierno, pero hacía un sol y un calor perfecto para descalzarse. Yo estaba de espaldas mientras me descalzaba. Y cuando me giré ahí estaba tu cara.
Preciosa. Algo delgada. Yo la recordaba algo más redonda, sin embargo seguía siendo un óvalo precioso. La barbita recortada y canosa. No hacía mucho que te la había recortado, aún tenías granos enrojecidos en el cuello. Tu calva. Igual de canosa que la barba. Y tus ojos enmarcados por esas gafas. Tristes, cansados, aburridos de sufrir, perdidos, alegres, tímidos, expectantes, ansiosos. Había tantas cosas en ellos que el corazón se me desbordó en milésimas de segundo.
Intercambiamos 3 frases medio profundas. Idioteces, en el fondo. Y me pediste que me sentara debajo tuyo para poder abrazarme. Y lo hice.
Y a partir de ahí el tiempo se detuvo. Lloramos, hablamos, nos miramos, por más vergonzoso que te sintieras y esquivaras mi mirada cada 3 segundos, pero sobretodo me abrazaste como nunca me habían abrazado, ni volverán a hacerlo en la vida.
Fuerte, sin hacer daño en nigún momento. Sin dejar un centímetro sin estar en contacto. Dejando que tus manos corrieran por mi espalda, permitiendo que tu profesión saliera a relucir. Acariciándome, besándome.
No deseo explicar lo que sentí. No tengo ninguna intención de explicar lo que ocurrió. No voy a contar qué pasó.
Es todo mucho más sencillo.
Todo el mundo debería obtener, aunque fuera una única vez, aquello que anhela. Aunque lo único que anheles sea un abrazo. Perfecto.

Adiós

Tengo la última foto abierta en mi móvil. En una de esas aplicaciones que te unen a la gente, porque se supone que puedes compartirlo todo desde una pequeña pantallita táctil. Y yo sin embargo, sé que esta imagen es el fin de todo lo que nunca fué.
Me intentaste amar. Lo sé y lo supe desde el principio, pero nunca pasó de un intento. Supongo que nunca has podido hacer más por mí. Imagino que nunca fui lo que realmente buscabas. Así que era lógico que cada uno tomara un rumbo distinto después de aquellas minivacaciones. Una de esas cosas que nunca salen como uno desea y aún así las lleva toda la vida aquí, en el corazón y en el recuerdo como unos de los más grande tesoros que se pueden poseer.
¿Sabes una cosa? Fuiste la primera persona que durmió abrazado a mí toda la noche. Sin quejas, sin molestias en el brazo (siempre sobra un brazo en estas situaciones...) sin importarte nada más que tenerme cerca. Dejando que notara todo tu cuerpo junto al mío durante TODA la noche... Es algo tan sencillo, tan mágico y tan raro, que simplemente por eso creo que jamás podré olvidarte. Y por esa misma razón, sé que aún viendo la foto, esta última foto y sintiéndome roto como me siento mientras soy incapaz ni de eliminarla ni de apartar los ojos de la pantallita táctil dejaré de sonreir como sólo alguien que ha amado incondicionalmente lo puede hacer al recordar.
No sabes cuanto te amé. Y mucho menos sabes cuánto sigo haciéndolo. Y ni yo me imagino cuánto te seguiré amando por el resto de mis días. Fuiste mi luz en mi momento más negro. Sólo verte me hacía sentir vivo. Cómo nunca antes pensé que uno se pudiera sentir. Era ver tus ojos, esos increibles ojos verdes y saber que eso era la felicidad. Incluso hoy, pasado ya tanto tiempo, sé que aquello era la felicidad. Y no puedo dudarlo ni por un instante.
Fantaseé con una vida contigo. Y eso fue el fin de lo que nunca empezó. Ahora lo sé. Pero no pude y supongo que no quise evitarlo. Las luces de aquella primera noche te hacían brillar. El agua hacía reverencias cuando tú te movías. Tu abrazo era tan delicado y tan fuerte y tan sincero que no pude evitarlo y mi imaginación voló. Y después de eso me abrazaste toda la noche. Así que sólo podías ser un regalo del cielo o el padre de mis hijos. Y dejé que el padre de mis hijos se convirtiera en humo.
Lloré, viajé, me equivoqué, encontré un nuevo camino y me obligué a deajr de pensar en ti y en quien ya eras para mí. Y lo conseguí, hasta que volviste a mi vida en forma de fotografía.
El mundo es un pañuelo y siempre hay alguien que conoce a otro alguien que a su vez es amigo de alguien más y al final, mientras zorreabas por ahí (es la palabra más correcta y los 2 lo sabemos...) reapareciste.
No importa ni cómo ni de dónde ni quién me devolvió la sonrisa, porque eso fué lo único que pude hacer al saber que estabas vivo y pendodeando: sonreir.
Como cuando te ví la primera vez corriendo hacia el coche desde la estación. Sonriendo como cuando me diste el primer beso en los labios, como cuando me dijiste que eso no era un beso de verdad y me rodeaste la cara con tus grandes y cuidadas manos y me besaste hasta hacerme perder el equilibrio, literalmente. Sonreir como cuando me abrazaste para evitar que me cayera al suelo.
Sonreí.
Y eso sonrisa se ha congelado para siempre en el tiempo. No sé la razón exacta, pero intuyo que se debe a que no voy a dejar de amarte por más que debiera. El corazón no atiende a razones, ahora lo entiendo.
Prefiero sonreir mientras te miro en esta foto en la que estás guapisimo riendo junto a tu marido. Junto a ese hombre con el que estoy seguro que duermes abrazado toda la noche. Esta foto que no puedo dejar de mirar.
Prefiero sonreir, aún sabiendo que esa persona que está ahí a tu lado en la fotografía y que es tan y tan parecida a mí, que tiene esa cara y ese mismo cuerpo que veo yo por las mañanas al despertar en mi espejo, aún sabiendo que él te tiene a ti y yo duermo solo, esperando que llegues y me abraces y me digas que todo ha sido una pesadilla. Aún así, prefiero sonreir.
Te amo, mi pequeño. Tanto que jamás podré desearte otra cosa que no sea tu felicidad. Y sé que ese hombre que está a tu lado en esta foto, que no puedo eliminar, te cuidará. Porque se le ve en su mirada, te mira como yo lo hice al despertar a tu lado mientras tú aún dormías abrazado a mí. Te mira con un brillo dulce en sus ojos, se siente protegido debajo de tu brazo, se siente el hombre más afortunado... Y lo es. Y él lo sabe...
Por favor, no le falles. Te lo ruego, sólo merece tu amor. Créeme, lo sé a ciencia cierta, sólo necesita que tus ojos verdes lo acaricien por la mañana para ser feliz. Sólo eso, mi niño, sólo eso.
Te ama.
Mi vida, mi regalo, el padre de mis hijos... Adiós...

El Astronauta


Estoy en medio del espacio, con mi respiración como única compañía. Completamente solo. Y he decidido que voy a quitarme el casco del equipo.
No ha sido una decisión extremadamente difícil, porque cuando no hay posibilidad de sobrevivir, es mucho mejor acabar cuanto antes con el sufrimiento.
Podría estar mucho rato intentado describir cómo he llegado a esta situación, pero lo único realmente importante ahora es que no puedo volver y no pueden venir a buscarme. Estoy solo en medio de esta negrura que rodea el globo azul sobre el que orbito.
Por extraño que parezca, no me va a resultar nada difícil desaparecer. Tal vez sí haya alguien que me extrañe. Seguramente, habrá gente que exacerbará mi recuerdo como si fuera un lazo mucho más estrecho de lo que en realidad fue. Pero en realidad, no hay nada que me haga pensar que todas esas obras de teatro pasarán a la historia.
Tampoco es que esa pecepción de mí mismo y de mi vida me preocupe demasiado. Ya no me preocupó mucho en vida, así que ahora que estoy ya muerto en la práctica…
Supongo que la mayoría de la gente dramatizarían este momento hasta la desesperación. Por lo que he visto en el ser humano, gusta mucho el concepto de sufrimiento hasta el final. Algo que siempre me ha hecho pensar que no soy humano. Tal vez haya humanos más humanos y otros más extraterrestres, y teniendo en cuenta lo bien que me está sentando este viaje alrrededor del planeta, en soledad, únicamente con el ruido de mi respiración y de mis propios pensamientos, creo, que soy de los menos humanos. Pero eso tampoco es una gran sorpresa, al menos para mí.
Reconozco que estoy algo asustado, pero sobretodo por no saber qué voy a sentir en el último momento. Seré extraterrestre, pero no me gusta el dolor. Ni las sensaciones desagradables, así que si morir va a ser lo último que haga en breve, me gustaría que fuera algo ligeramente placentero o al menos algo que no me provocara dolor.
También había pensado en reducir mis existencias de oxígeno para quedar dormido al ir respirando los restos de mi propia respiración, pero no sé, es como poco glamouroso. Y tengo que reconocer que junto al miedo, también me apetece que mi fin sea algo digno de una película de ciencia ficción.
Ese es el fin que todo astronauta espera muy en el fondo de su corazón.
Nos hacemos astronautas porque nos creemos que somos fantásticos y muy listos, más que los demás, pero en realidad es simplemente un anhelo de grandeza, que en realidad no existe, porque cuando tú crees que lo que haces es grande, pasan cosas como esta, un astronauta sale propulsado al espacio sin remisión, simplemente para que la naturaleza vuelva a demostrar que Ella sí es grande y Ella sí manda.
Pero lo de morir a lo “grande” nos gusta a todos y a los que podemos acceder a ese tipo de muertes, más.
Otra cosa que por un instante se me ha cruzado por la cabeza es si lo de quitarme el casco es suicidio y mi alma vagará por el limbo para el resto de la eternidad. Y es que haberse criado en un colegio religioso pasa siempre factura. Sin embargo, eso, tampoco me importa lo más mínimo. Crea en lo que crea quien lo crea, la realidad será una y única, así que qué más da si unos tienen razón o la tienen los otros… o ninguno (teoría aceptada por agnósticos recalcitrantes como un servidor).
Ciertamente, no importa si mi alma inmortal seguirá después de mí en un viaje sin fin, si será perdonada o si se me permitirá redimirme de mis pecados o si simplemente cuando finiquite este cuerpo, se finiquite todo. La decisión actual tampoco puede ser otra. No puedo hacer nada más, así que sea lo que sea lo que me espere después, deberé esperar a comprobar si hay un después. No hay más.
Y así, pensando en cosas irrelevantes, poco a poco voy llegando al final del viaje. Porque ya he disfrutado de la mejores vista de la tierra que nadie en mucho tiempo ha tenido, pero esto es como todo, lo poco gusta y lo mucho cansa, y yo, soy de los que con un poquito de mucho me canso y aburro terriblemente. Así que, el momento cumbre está llegando. Ese momento en que deseo estar a la altura de la interpretación oscarizable que espero de mí en esta situación.
Mi mano se extiende ante mí y se acerca a la palanquita de separación de la luna de casco. Slow motion, por supuesto.
Y sin pensármelo dos veces hago click y despresurizo (brutalmente, por cierto) el traje. Y en mi imaginación veo como el gas sale a presión de la ranura del casco, cosa que en realidad no ocurre, por supuesto, esto es el vacío y la realidad, no Star Wars.
Y en ese preciso instante es cuando estoy a punto de echar a perder la escena.
Por un momento mis peores miedos se hacen realidad al descubrir que mis pulmones llenitos de aire se expanden en mi pecho debido a la fuerza del gas que los rellena y que tiene todo un universo que ocupar.
Pero en un leve y maravilloso último segundo descubro que el dolor desaparece por completo y da paso a…..

Epílogo

Dicen la malas lenguas, que hay un cuerpo flotando por el espacio con una sonrisa socarrona, de esas que sin decir nada, simplemente dicen que saben algo que los demás no sabemos. Y algunos dicen que en realidad, así es: ese cuerpo sonriente sabe algo que los demás deseamos saber.